viernes, 9 de marzo de 2012

Periodismo, red social... y el precio de la verdad

Portada ad-hoc. Ver NOTA AL PIE al final de este post.

The New York Times informa que la revista quincenal estadounidense The New Republic está a salvo, porque tiene nuevo dueño.
Buena noticia, celebra el analista Moisés Naím a través de Twitter.
La red sirve para proclamar una victoria del periodismo de papel.
El verdadero Hughes
Chris Hughes es el nombre del salvador de The New Republic, paladín de lo que los norteamericanos llaman "ideas liberales", que en Estados Unidos se entienden, más o menos, como ideas de izquierda. En Chile diríamos quizás que TNR es "progresista".
Hughes tiene juveniles 28 años y es el cofundador de Facebook, junto a Mark Zuckerberg. Ambos son personajes de la película que pretendió relatar esa historia, "The Social Network" ("Red Social"), con Jesse Eissenberg (Zuckerbeg) como protagonista y Patrick Mapel (Hughes) en un papel muy secundario, pese a que ambos personajes compartían entonces dormitorio en Harvard.
Mapel como Hughes
Hughes es un multimillonario que The New York Times describe hoy como "el más nuevo gurú de los medios", y ganó influencia política cuando armó el entramado online de la campaña de Barack Obama, nada menos.
Interesante incursión, la de Hughes, que hoy sorprende a los lectores de su nueva posesión con una carta en que rinde un envidiable tributo al buen periodismo de opinión.
Claro, tiene todo un plan organizado para profundizar la irrupción de TNR en la web y su llegada a las tablets. Pero no deja de sorprender su aterrizaje en una revista que estaba en problemas, casi asfixiada en medio de la cambiante industria de los medios.

martes, 3 de enero de 2012

Museo del holocausto

"Holocausto = completamente quemado por el fuego".


Foto de "La Prensa Austral"
"Holocausto" es un término latín derivado del griego, empleado en la traducción griega del Antiguo Testamento, en referencia a ofrendas o sacrificios judíos en que se quemaba a toda la víctima.
Holocausto es también el término usado por los judíos que después de la Segunda Guerra Mundial empezaron a denunciar la matanza masiva de los suyos por los nazis. 
Para no olvidarla jamás, hay museos del holocausto en Jerusalén, en Washington, en México...
Pero hay otros museos del holocausto, que evocan otras matanzas de humanos por humanos. A veces se llama así, por ejemplo, al Museo de la Paz de Hiroshima, donde 140 mil japoneses fueron quemados por la bomba atómica. Otros 80 mil lo fueron en Nagasaki.

lunes, 5 de septiembre de 2011

El Casa 212 y los protocolos

Tal vez nunca se conocerán las causas exactas del accidente, decía este domingo el presidente Sebastián Piñera.
La tarea es del comandante Sergio Sepúlveda, fiscal de aviación encargado de investigar la tragedia de Juan Fernández.
Las hipótesis circulan por todos lados, y las más aventuradas han provenido de medios extranjeros. Como la que apuntó el mismo fin de semana a un eventual sobrepeso y a un consecuente agotamiento del combustible antes que lo presupuestado en el plan de vuelo.
El propio presidente el domingo y el ministro vocero del gobierno este lunes, descartaron enfáticamente esta posibilidad. Ambos aseguraron (obviamente, basándose en los informes iniciales de la FACH) que el Casa 212 tenía reservas de combustible suficientes para haber intentado aterrizar varias veces más.
El encargado de investigar el accidente no fue tan lejos, y este lunes fue mucho más cauto: "No voy a descartar ni afirmar ninguna tesis mientras no tenga más antecedentes", dijo.
El presidente Piñera mencionó tres factores claves en esta desgracia: las características de la pista; los fuertes vientos; y el tren de aterrizaje fijo del Casa 212, que hacía imposible amarizar.
A partir de esos tres problemas, ¿tenía de verdad el avión combustible suficiente para intentar sucesivamente el aterrizaje? ¿Qué opción había si después de varios intentos los vientos no mejoraban o, peor aún, se volvían más violentos y peligrosos?
La sola pregunta es escalofriante.
Sobre todo, porque una cosa sí sabemos: el avión no tenía combustible para volver al continente.

Repasando la avalancha informativa del fin de semana, nos encontramos con que sólo los primeros reportes de hallazgos el mismo viernes en la noche hablaron de elementos del avión con restos de combustible, un factor crucial en todo percance aéreo.

domingo, 4 de septiembre de 2011

El vértigo de la tragedia

El accidente de Juan Fernández ha demostrado de nuevo cómo un tsunami de información y una vorágine de comunicación circulando ininterrumpidamente en todas las direcciones, son capaces de precipitarlo todo.
Entre otras cosas, el  procesamiento emocional y racional que hacemos todos de los hechos. Ha ocurrido a una velocidad de vértigo, al punto que, 48 horas después del primer golpe, pareciera que entramos en una fase que ya es distinta, y en que puede que se mezclen un extraño vacío con una extraña anestesia.
Ocurrió unos años atrás, después de la muerte del general Bernales en Panamá; pasó con el terremoto y maremoto; sucedió otra vez con los mineros en sus tres grandes capítulos (derrumbe, "estamos bien" y rescate); y de nuevo con el incendio en la cárcel de San Miguel hace unos meses.
Con las asombrosas capacidades de los medios de comunicación y sus transmisiones en vivo, y con los alcances todavía no medidos de las famosas redes sociales, estamos aprendiendo a vivir catarsis nacionales a máxima velocidad... sin saber exactamente qué es, en verdad, eso que estamos aprendiendo.
El hecho es que las etapas se queman antes y mucho más temprano llega el momento en que tenemos que confrontarnos, desconcertados, con nuestra vida de siempre.
Casi nos sentimos con el deber de dar gracias por conservar a ratos (sólo a ratos) la capacidad de detenernos y recuperar la conciencia, volviendo a meditar lo ocurrido, a imaginarnos el pánico de los últimos segundos en ese avión, a recordar a los más famosos de los caídos (porque, querámoslo o no, representan lo más parecido a tener a alguien de nuestra propia familia entre las víctimas) y a condolernos con sus familias. 
Porque cuando recuperamos la conciencia, volvemos a sentirnos más humanos.

miércoles, 24 de agosto de 2011

El día de la diferencia

Regreso a casa este miércoles 24. Imagen de TVN
El primer día de paro convocado por la CUT es sólo eso: el primer día... pero los hechos permiten extraer algunas líneas de análisis que nos atrevemos a lanzar a la discusión.
Una primera impresión (que no, todavía, conclusión) es que este miércoles 24 de agosto se marcó una diferencia: la que emerge con fuerza entre un movimiento estudiantil amplio y nacional, transversal y asentado en valores profundos (más allá de sus debilidades o sus errores), y los delirios de cúpulas más bien políticas, que buscaron navegar sobre la misma ola, pero se están dando al menos en este primer día, un chapuzón memorable.


EL FRACASO DEL PARO
Este miércoles no fue el día en que el país se detuvo.
Ni mucho menos.
Volvimos a acordarnos de los millones de santiaguinos que enfrentaron con admirable determinación el famoso paro de los microbuseros en agosto de 2002, haciendo lo posible por llegar a sus trabajos, colegios y universidades. Lo hicieron a pesar de la falta de transporte público y de los bloqueos de calles y avenidas, que finalmente costaron a los dirigentes del gremio condenas de la Justicia por violar la Ley de Seguridad del Estado.
Esta vez no fue muy distinto. Muy pocos atendieron el llamado de la CUT y la adhesión al paro fue francamente menor. Con dificultades y todo, millones de trabajadores dejaron muy en claro dónde están sus prioridades.
Al parecer los mismos convocantes lo preveían, a juzgar por el llamado final de Arturo Martínez el día martes, a no ir a trabajar y usar después la excusa del "no pude llegar" ante los empleadores. Temprano quedó claro que semejante excusa no serviría de nada, porque los buses del Transantiago recorrían la ciudad con casi total normalidad, y el Metro tenía incluso más frecuencias que lo habitual.