martes, 16 de octubre de 2018

El mundo no es el que creíamos que era




En Brasil, la última encuesta le está dando 59 por ciento de preferencias al candidato de la ultraderecha, Jaír Bolsonaro.

En Alemania, el partido de la ultraderecha AFD acaba de ganar 11 escaños en el parlamento de Bavaria, quitándole la mayoría absoluta al Partido Cristiano Demócrata de Angela Merkel. Ya es el principal partido de oposición alemán.

En España, las encuestas ya anticipan que el partido ultraderechista Vox podría entrar al Congreso de los Diputados en las próximas elecciones; su militancia ha crecido y hace una semana hizo noticia al juntar a casi diez mil personas en un acto público. 

Si en el Reino Unido se están aislando de Europa en el proceso que conocemos como el Brexit; los de Vox también postulan aislar la península de la Unión Europea.

En Francia, el Frente Nacional es la segunda fuerza política, y su líder Marine LePen disputó la segunda vuelta presidencial a Emanuel Macron. La izquierda quedó desplazada. 

En Italia, gobierna una curiosa coalición de derecha, antieuropea, anti democracia representativa, antisistema, que es todo un símbolo de los tiempos.

En Suecia, Austria, Dinamarca y otros países de Europa, incluso los que estuvieron en la órbita soviética como Polonia, la ultraderecha es tercera, segunda o incluso primera fuerza política.

En Estados Unidos Donald Trump no da visos de debilitarse cuando llega ya a la mitad de su mandato; veremos cómo le va en las elecciones legislativas de unos días más.

En Chile, los 20 años de la detención de Pinochet en Londres y las simpatías que su figura vuelve a despertar en un sector de la política chilena; el sólo hecho de que alguien se atreva en el Ejército a homenajear a un criminal de lesa humanidad generando aplausos; y tendencias como el apoyo mayoritario a la mano dura o a la salida de inmigrantes, son señales que hay que mirar.

Hay un tremendo desafío a las conciencias democráticas. 

Tiene que ver con respuestas a la gente.

El mundo no es el que creíamos que era.

lunes, 1 de octubre de 2018

Chile, ¿"embarrado"?



Nicolás Maduro acusa a Chile de estar "embarrado" en el supuesto atentado que sufrió el 4 de agosto.
Es más: apunta contra el pdte. Piñera con nombre y apellido.

La tesis no puede ser más delirante. En Chile sólo la dictadura mandó matar gente afuera, desde un ex canciller a un ex comandante en jefe, pasando por una lista de otras víctimas, independientemente de los resultados de esas operaciones criminales.

Si algún desquiciado de alguna instancia hubiera tenido algo que ver con los hechos de agosto en Caracas, tendría que responder muchas cosas... suponiendo que el atentado haya sido tal, lo que sigue generando demasiadas dudas viniendo las acusaciones de un régimen con credibilidad dañada.

Maduro está personalmente "informando" de una investigación criminal. ¿Acaso la está llevando él? Sus palabras no hacen más que dejar al descubierto que en Venezuela no hay justicia independiente, al punto el jefe de Estado prejuzga y emite sentencia previa. No es lo que se conoce como estado de derecho. 

Si hay alguien de Chile implicado en un hecho muy raro, primero tendría que decirlo la policía, asumirlo un fiscal, refrendarlo un juez, sancionarlo un Poder Judicial. 

Todo esto da razones para pensar que Chile sí podría ser “asilo contra la opresión” y proteger a los perseguidos por el régimen venezolano, hayan tenido o no que ver con los hechos.

Es, por lo demás, lo que Chile viene haciendo desde la administración Bachelet, acogiendo a venezolanos en riesgo, incluso jueces, en nuestra embajada en Caracas.

Si otros estados han dado asilo o quieren dárselo a chilenos, incluso condenados por crímenes gravísimos en Chile, a pesar de que aquí sí hay democracia y estado de derecho, sobrarían razones para refugiar y proteger a personas que sean perseguidas por Maduro, al menos hasta que puedan tener garantías de un debido proceso en Venezuela.

martes, 11 de septiembre de 2018

45 años después

45 años después, los que estamos hoy, bien podríamos inspirarnos en la lucha de las víctimas de la dictadura, para defender los derechos humanos que HOY son vulnerados





La memoria de la catástrofe que sufrió Chile a partir del Golpe de Estado de 1973 ha llevado a todos los líderes y ciudadanos de buena voluntad a repetir, desde que el país recuperó la democracia, “nunca más”.
Todas las iniciativas pro verdad y justicia han proclamado ese objetivo: para que no se repita, para que nunca más.
La verdad todavía no está completa, y tampoco la justicia.
Pero hay más verdad y más justicia hoy que en 2013, cuando conmemorábamos los 40 años; mucha más que en 2003, cuando se cumplían 30.
Se ha avanzado a punta del trabajo incansable de los que no se han sentido nunca vencidos, aunque molesten a los resignados o a los que tantas veces quisiéramos resignarnos; aunque una y otra vez perturben eso que se llama “la agenda” y se conviertan en esa conciencia que no querríamos escuchar, porque devela lo peor que hemos sido como país.
Gracias a ellos se ha avanzado y ese avance no se va a detener.
Pero por lo mismo, los que estamos hoy activos, los que queremos creernos vigentes, los que podemos alzar alguna voz, tenemos que sumarnos a la defensa de los derechos humanos que hoy son vulnerados: los de los niños y adolescentes basureados por la exclusión; los de los presos hacinados en nuestras cárceles; los de los viejos que se matan de soledad; los de los inmigrantes denigrados.
Esos derechos humanos son violados hoy, a esta hora.
Muchos de ellos, por el Estado.
Unos podremos ver en la lucha por la justicia para las víctimas de la  dictadura, una potente inspiración.
Otros podrán tener motivaciones distintas.
Más allá de las diferencias, también asumiendo ESE empeño, el “nunca más” va a cobrar el más verdadero de los sentidos. www.adn.cl

miércoles, 15 de julio de 2015

Vaticano no neutral


El jefe de la Iglesia Católica chilena defendió las palabras del Papa sobre Bolivia y el mar como las de un pastor, no un político. Pero Francisco no es sólo un pastor, sino también un líder político, en su calidad de jefe del Estado Vaticano.

En esa condición fue un facilitador fundamental del acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, que se traducirá en cuestión en días en el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre esos dos países, con embajadas en Washington y en La Habana. Pura diplomacia, pura política… Ni Obama ni los Castro son siquiera católicos.

Como jefe de Estado, cuestión que el mismo Papa se encargó de recordar a bordo del avión que lo llevaba de vuelta Roma después de su gira por Ecuador, Bolivia y Paraguay, habla también como un eventual facilitador (otra expresión que él mismo usó) o mediador en un hipotético momento futuro que pudiera convocar a Chile y Bolivia, escenario que Francisco reconoció como lejano, pero posible.


Nuestra cancillería ha dicho hasta el cansancio que con Bolivia no hay nada que someter a mediación, porque hay un tratado vigente que resuelve de manera perpetua todo asunto de límites entre los dos países.

Pero si producto de cualquier cambio de escenario, o de criterios, en Chile o en Bolivia, se allanare el camino hacia la hipótesis de la mediación, tenemos la impresión de que el Papa, en los hechos, se autoinhabilitó para ello.

Francisco habló del mar acogiendo los mensajes de Bolivia, y no de Chile; con su expresión grave y sentida al mencionar “el mar”, empatizó con su audiencia boliviana, y se distanció de la chilena; y al considerar “no injusto” el anhelo boliviano, avaló con un juicio de valor la demanda de Bolivia, y no la defensa chilena del respeto a los tratados.

Es verdad: El Papa no se declaró abiertamente partidario de Bolivia y contrario a Chile en este tema. Pero sí hay razones para pensar que su posición no es imparcial; en el último de los casos, y siempre en el terreno de lo eventual, Chile tendría razones para recusarlo como mediador o como árbitro. Quizás sólo haya salvado una posible condición de facilitador de un acercamiento y, en este caso, más como pastor que como jefe de un Estado que hoy no podríamos considerar neutral.

Diríamos entonces que el Pontífice anticipó juicios y consideraciones y ya es inhábil para mediar. Y por lo tanto, diríamos también que esa hipótesis (si ya estaba descartada oficialmente por Chile), quedó sepultada con sus palabras sobre el mar.

Dada vuelta esa página, en consecuencia, sí vale la pena analizar los resultados obtenidos por Bolivia y por Chile en este capítulo. La estrategia de Evo Morales ha sido indudablemente exitosa; logró lo que buscó sistemáticamente del Papa, en Bolivia y en el avión de vuelta. ¡Dos veces!, lo que sugiere que lo primero no fue una improvisación, sino el producto de reflexiones hechas y derechas de Francisco. Antes de tomar su avión a Roma, Francisco ya había alcanzado a conocer la reacción chilena a sus palabras en La Paz y, aun así, dijo lo que dijo en vuelo.

En cambio, Chile no ha logrado nada en ese terreno: el político y comunicacional. Morales puede armar ya una lista de jefes de estado y líderes internacionales que han apoyado su causa, desde los hermanos Castro a Humala, desde Chávez y Maduro a Cristina Fernández… ahora, la lista incluye al Papa.

Chile no tiene un solo nombre de algún jefe de Estado o líder internacional que se haya pronunciado a favor. Ninguno. Lo más que ha logrado son algunas posiciones neutrales, que validan que se trata de un tema bilateral; pero nadie ha apoyado el argumento chileno sobre el mar y las fronteras.

Mucho se habló de los 45 largos minutos que conversó la presidenta Bachelet con el Pontífice en la Santa Sede el mes pasado; de las giras por el mundo de los ex presidentes Frei, Lagos y Piñera… Hoy se informa de las visitas del ex secretario de la OEA, José Miguel Insulza, por un par de países vecinos. Pero digamos que, hasta ahora, nada de eso ha funcionado.
Esa estrategia ha fracasado.

¿Que esperemos la decisión de La Haya?

A estas alturas, debiéramos tener claro que, tal como anunció Evo Morales en su día, incluso con un fallo favorable a Chile, esto en La Haya no termina.

martes, 14 de julio de 2015

El tiempo apremia


El gobierno y en particular la presidenta Bachelet enfrentan un escenario apremiante, luego del vuelco que van a sufrir los planes de gobierno en vista de la situación económica.

1. Esa situación económica es objetiva y más adversa de lo que se pensaba. Hacienda hasta ahora ha buscado bajar expectativas y corrigió la suya propia, al recortar su cálculo de crecimiento para este año desde 3,6% a 2,5%; un recorte de más de un punto, como no habíamos visto en años. 

Pero lo peor es que los datos duros de inversión y de comercio exterior chileno (que es clave en una economía abierta como la nuestra; si no lo fuera, seríamos mucho más pobres), auguran más correcciones en los meses que vienen. La inversión no es que se haya estancado este año; se ha desplomado. Y de eso dan cuenta también los derrumbes sucesivos que han tenido, por ejemplo, las importaciones de bienes de capital. 

Esto significa que se vienen tiempos largos en que este cuadro no va a repuntar. Este no es tema de los empresarios, como algunos quieren creer; ellos siempre se las arreglan: este es tema de los trabajadores y de las familias. En las crisis, son los ciudadanos de a pie los que más resienten los problemas.

2.  En buena hora llegó el sinceramiento y la responsabilidad; todos esperamos de nuestro gobierno esa actitud como conducta básica. Pero hasta ahora sabemos sólo una parte del cuadro, y sin precisiones. Veamos lo que se ha dicho: las reformas no podrán concretarse como estaba planeado; los objetivos se mantienen, pero los ritmos van a tener que cambiar… 

Metas y no plazos, como decía Pinochet en los 80, cuando el objetivo era volver a la democracia. Hasta ahora, aquí también, se han ratificado las metas, pero no hay luces sobre los plazos, salvo que van a ser más largos.